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Control de residuos de plaguicidas: al día con el cambio constante

Los plaguicidas son vitales para aumentar el rendimiento de los cultivos y mantener a la población humana en crecimiento. Sin embargo, en todo el mundo persiste la preocupación por sus posibles efectos nocivos para las personas, los alimentos y el medio ambiente. Empresas como DuPont y BASF impulsan el cambio introduciendo productos más eficaces, lo que lleva a los organismos reguladores a actualizar constantemente las normas de uso de los pesticidas.


Estudios recientes han puesto de manifiesto los efectos nocivos de los plaguicidas, como el impacto negativo de los Neonicotinoides en la salud de los polinizadores y la contribución del uso de plaguicidas a un descenso significativo de las poblaciones de aves en Europa. El reto de la política agrícola es lograr un equilibrio entre una elevada productividad y la protección del medio ambiente.


En Europa, la campaña contra los Neonicotinoides ha dado lugar a la prohibición del Imidacloprid, la Clotianidina, el Tiametoxam y el Tiacloprid para los agricultores. Estados Unidos ha mantenido un prolongado debate sobre la conveniencia de seguir su ejemplo. La normativa sobre plaguicidas cambia continuamente en todo el mundo. India introdujo recientemente nuevos límites máximos de residuos (LMR) para los plaguicidas utilizados en las plantas de té. Corea del Sur puso en marcha el año pasado una lista nacional "positiva" de LMR para residuos de plaguicidas en alimentos importados y revisó sus normas de tolerancia de plaguicidas en productos agrícolas. Japón también está actualizando sus LMR.


Dado que el uso y la contaminación de los plaguicidas siguen siendo problemas mundiales críticos, los ajustes normativos continúan configurando las prácticas y la seguridad de los plaguicidas en todo el mundo.


Los científicos analistas gubernamentales y reguladores controlan constantemente los residuos de plaguicidas en los alimentos ya disponibles en el mercado. El Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF, por sus siglas en inglés) de Europa ha identificado, por primera vez, los plaguicidas como su peligro más notificado, observando un aumento significativo de alimentos importados que contienen plaguicidas no autorizados. En 2020, el RASFF se ocupó de un importante incidente de contaminación alimentaria relacionado con semillas de sésamo procedentes de la India, en las que se detectó un contenido hasta 200 veces superior a los límites máximos de residuos (LMR) permitidos del plaguicida genotóxico óxido de etileno (EtO).


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